Breve introducción al porno cubano (segunda parte)

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ArtCover por La Mamarracha

Por Amel Martínez

La primera inquietud que asalta con respecto al porno cubano es, precisamente, ¿qué es porno cubano? Si atendemos a los parámetros de Copyright en el cine, donde el derecho del material es de quien lo financie, o sea, el productor ejecutivo, se puede decir que el porno cubano es toda aquella película que haya sido financiada por un cubano. Si, en cambio, atendemos a los resultados de búsqueda en las plataformas pornográficas más populares de internet, nos encontraremos con un sinnúmero de videos cubanos que entran en la categoría de porno casero.

Aunque no sea lo que predomine, es cierto que muchos productores y directores han llegado a la isla y han rodado filmes pornográficos con personal cubano. Este material se vende en las tiendas de películas para adultos de Estados Unidos con portadas claramente cubanizadas. Cuba es un contexto, el contexto que necesita el porno para vender más y los productores se aprovechan de la mística que siempre ha provocado que personas de todo el mundo pongan su atención aquí. Si la película tiene una intención nimiamente cubana, aunque solo sea para prostituir conceptos, es cubana.

También cabría preguntarse si las películas en las que actúan actrices y actores cubanos entran en esta definición o si una película filmada en Cuba con elenco cubano pero con producción extranjera es cubana. Lo que queda claro es que los límites en el tecnicismo que declara la nacionalidad de un filme se vuelven insípidos cuando interactúan con conceptos sociales tan complejos.

Como hasta la fecha no se ha realizado una investigación antropológica sobre el tema en la isla, es muy difícil definir algunos detalles. Si algún académico se anima a definir el porno cubano como cualquier filme producido por un cubano, sin importar qué intención declare, entonces volveremos a enfocar el tema con una visión más amplia, mientras tanto, me atrevo a limitar el porno cubano a toda aquella producción que se realice en Cuba con elenco exclusivamente cubano. Claro, aquí hay un problema. El porno tiene una característica y es que se realiza con el fin de ser difundido.

Las producciones filmadas en la isla con elenco cubano son más bien pequeños videos de personas que han grabado sus encuentros sexuales. Algunas parejas que experimentan introducir una cámara en su intimidad y otras que son grabadas con cámaras colocadas sin el consentimiento de alguno de los participantes, generalmente de las mujeres. Los métodos por los que los videos han llegado a ser conocidos, al punto de que las plataformas de internet los tengan publicados, son disímiles: descuido por parte de estas personas al no eliminar el material, distribución intencionada por parte de una de ellas por motivos de chantaje, difamación, desprestigio o “popularidad”, filtración del material a través de la red local, etc. El caso es que ninguno de esos videos amateurs se realizan con la intención de ser divulgados (la excepción puede ser insipiente), por lo que “técnicamente” no deberían considerarse como porno.

La pregunta real que hay que hacerse es: ¿cuenta Cuba con una industria porno? Pues no, no existe. No existe abiertamente, porque el imaginario universal ha ubicado a la isla como un destino sexual exclusivo, lo cual provoca que muchos extranjeros viajen hasta aquí en busca de esa promesa. Por supuesto, se ha hecho común que la prostitución entre clandestinamente a esta maquinaria. La evidencia está en la variedad de videos de extranjeros que tienen sexo con cubanas, sexo que consiguen más barato aquí que en su país, lo que constituye finalmente una injusticia para estas mujeres. Así, se han creado varios negocios clandestinos de alquileres de casas, donde cubanos y extranjeros pagan por el espacio para filmar sus encuentros.

Algo que llama la atención y a la misma vez preocupa, es que estos videos circulan únicamente con enunciados y nombres femeninos, así se sabe que la estrella del material es La Cubanita de Nosédónde. Esto es solo el resultado de una mentalidad y proyección machista que supone que el consumo de la pornografía se limita a los estándares heteropatriarcales. Que suceda así en Cuba no significa que este tipo de materiales sean el origen del problema, sino que son simplemente una consecuencia. Pero sí, se retroalimentan y contribuyen al bucle de confusión-enfermedades-tabúes.

Es entonces cuando te encuentras con personas que se saltan todo el ritual inicial y necesario para “meterte con todo como sale en las películas porno”. El resultado es catastrófico. Sin embargo, las consecuencias no se quedan ahí, la propagación de estos videos ha ocasionado todo tipo de perjuicios a las personas que los protagonizan. Muchas han tenido que marcharse del centro escolar, del barrio, incluso del país. Otras jamás han podido terminar sus estudios, víctimas del constante bullying. Algunas muchachas fueron reprendidas por sus familiares y actualmente no mantienen relaciones con ellos. Varias personas salieron adelante y comprendieron que aquello no era algo por lo que avergonzarse, pero otras sufrieron todo tipo de prejuicios durante mucho tiempo.

El camino del porno cubano

El porno en Cuba tuvo sus orígenes en la República, con las revistas eróticas y de publicidad pornográfica. Según la investigadora María Eulalia Douglas, en su libro La tienda negra. El cine en Cuba, “en los años 50 se desarrolló en Cuba un tipo de producción que sí tuvo éxito económico y ganó mercados en América Latina: el cine pornográfico que llegó a realizar películas en colores, con relativa calidad técnica, asegurándose un eficaz flujo de producción y distribución”. Por su parte, el historiador Román Gubern escribió: “Nestor Almendros me señaló que en La Habana de los años cincuenta existían ya cines especializados en el género (porno), como el Shanghái y el París”. Aunque no llegara hasta nuestros días alguna evidencia de ello (porque es probable que todo este contenido haya sido destruido después del 59 en el proceso de nacionalización, donde los materiales de la radio, el cine y la televisión fueron los primeros en confiscarse) no sería improbable confirmarlo. Hablamos de un país con una especie de mediano capitalismo donde se promovía todo tipo de ilegalidades. No es de extrañar que haya existido una industria.

Después del 59 llegaron toda una serie de restricciones de las que el porno no se quedó al margen. Es cierto que las escenas de sexo caracterizaron levemente al cine cubano (tal vez esta sea una de las causas que ha conformado el imaginario de la sexualidad cubana), pero el porno en su sentido comercial y explícito, sufrió una censura inminente. No se produjo más porno en la isla hasta mucho tiempo después. El consumo solo se limitaba a revistas pornográficas extranjeras que entraban ilegalmente al país por medio de personas que viajaban, así como cintas VHS y novelitas eróticas ilustradas. Esta práctica se mantuvo hasta nuestros días, a pesar de que las leyes penalizaban con la cárcel cualquier distribución de este tipo.

El video hardcore amateur cubano nació apenas hubo una apertura tecnológica. A partir del 2000, gracias a la entrada de las cámaras digitales en la isla, algunas personas comenzaron a grabar sus encuentros sexuales y a guardarlos en sus computadoras o en casetes VHS. Muchos de estos videos se extraviaban y terminaban en las manos equivocadas que se encargaban de divulgarlos. Con el desarrollo de las tecnologías se fue haciendo más fácil su consumo y distribución, ya fuera por DVD, Bluethooth, Zapya, USB, incluso en el paquete semanal. La Snet fue una de las plataformas donde hubo más movimiento y filtraciones de fotos y videos de este tipo. Aunque fue un tema sensible, debido a la persecución que el gobierno le dedicó a esta red, una carpeta llamada “Las chicas de Snet” circuló en lo más profundo de ella. Por otra parte, la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI) fue posiblemente la pionera y el mayor foco de divulgación de estos videos, ya que, al poseer una red de conexión más directa, el flujo de información (sobre todo con algo tan demandado) era inmediato.

Se puede decir sin tapujos que el porno en Cuba, sin pretender serlo, se volvió independiente. En 2015, con la llegada del internet a Cuba por vía wifi, el consumo del porno en general aumentó inevitablemente, hasta alcanzar su pico en 2017, de acuerdo con los datos de la plataforma canadiense PornHub, que declaró que había ascendido a un 79%. En este consumo entra, por supuesto, el video amateur cubano, que se ha colado y viralizado en las grandes plataformas.

Un porno que nos ubica

Cualquier película artística dista de una película porno por el hecho de que la primera resalta sentimientos y emociones de cualquier índole; pero sería antihumano decir que la excitación no es una emoción natural y humana. No obstante, si no desea usar este argumento como peso, consulte cualquier video porno cubano y ubíquese en el contexto histórico y social en el cual fue filmado. Dígame si no le vienen al cuerpo sentimientos de aflicción por aquella Cuba en pausa, si no siente su garganta temblar por la vergüenza ajena o por el pudor aprendido. Dígame si no se siente en casa, reconociendo a su país por su miseria y su imagen en baja calidad, por su ruido ambiente y su vertiginosidad. Compruebe si es capaz de hallar un argumento coherente, tanto para explicar lo que aprecia como para destruirlo. Haga la prueba. No podrá encontrar culpables porque simplemente, así se dieron las circunstancias, así son nuestras circunstancias. Siempre tuvimos las manos atadas como digno homenaje al sadomasoquismo.

¿Alguien entonces tendría el valor de decir: este porno es el Méliès de lo que podría ser el cine porno en Cuba? Esta interrogante solo tendrá respuesta si en un futuro, dadas las condiciones que sean, Cuba se alza con una industria pornográfica de altísima calidad que contraste con su pasado, que es nuestro presente. Mientras tanto, no nos queda más remedio que ser patrióticos y aceptar la sinceridad y la nostalgia de este porno que nos ha tocado vivir: un porno inconcluso y de finales abiertos como el país que lo vio nacer, un porno que suena a versos de Pedro Juan Gutiérrez: “apenas descubría mi sexo y ella ama de casa y vecina y patios comunes”, un porno que si no excita, evoca y si no evoca, conmueve. Algo así como suele ser la vida de quien vive en esta isla tan pequeña.

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