Caso # 4: Genios y Exiliados

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ArtCover por La Mamarracha. De Izquierda a derecha: Wolfgang A. Mozart, Juan Padrón, José Martí y Julio Verne.

Por Roman Gutiérrez Aragoneses

El signo de Acuario simboliza a la humanidad. La humanidad que frente al orden del cosmos preestablecido lucha por mantenerse y sobrevivir ante las inhumanas leyes vigentes de un universo aplastante. El humano es un ser atacado por la ignorancia porque llegó de último y se somete (en parte, porque él quiere) a esperar que la vida le dé los atributos y el conocimiento con que va a afrontar su existencia. En realidad, lo que debería hacer es, mientras está existiendo, utilizar e innovar el mundo que le rodea para hacerse de una vida más libre y exenta de ataduras preestablecidas.

Nacer con el signo de Acuario habla de genialidad y de personas que se distinguen y que están destinados a servir de ejemplo a las masas para liberarse del estigma de la opresión del poder que ata al humano con rigor milenario.

Ejemplo: Mozart, José Martí y Juan Padrón eran Acuarios los tres, de los días 27, 28 y 29 de enero respectivamente y los tres fueron genios incomprendidos (Aclaro, genio incomprendido no solo es a quien nadie le hace caso, genio incomprendido también es aquel que tiene una obra PERFECTA, la cual trasciende su tiempo y sigue dando de qué hablar por los siglos de los siglos pero no se llega a defender tanto como merece). Mozart sonó y de qué manera, y sigue sonando, pero su vida de perro viajero y sirviente consagrado tuvo un final lamentable y lleno de deudas, hasta lo enterraron en no se sabe dónde. ¿Por qué le pasó esto al genio musical más grande de todos los tiempos? ¿Por qué a este personaje, quien tocó en las cortes más distinguidas de su época, lo dejaron morir en la oscuridad? ¿Por qué esa dejadez del destino con ese monstruo musical? Yo sé. Primero: Acuario es el signo del genio, pero no de cualquier genio, es el genio condenado, extrañado, desterrado, proscrito, emigrante, castigado de sí mismo.

Ser Acuario significa, entre otras cosas, padecer una vida de exilio psicológico, es como estar estupefacto ante tu misma genialidad y muchas veces ni ellos mismos se creen la clase de bomba arrasadora que han lanzado a la humanidad con sus inventos (pregúntenle a Julio Verne, que era Acuario también).

Para este signo, nada humano le es ajeno, por lo tanto, pueden perderse perfectamente lo que representa la dimensión de su propia esencia, muertecitos de la risa. Ya sabemos que Mozart la tuvo durísima con su padre, el sentimiento de culpa suele rondar a este signo que le deja pasar cualquier malcriadez a sus familiares. (Otro ejemplo de exilio, del tipo familiar, el pariente allegado o paisano que no te comprende del todo)

Martí, como todos sabemos, sufrió castigo exagerado en la isla que lo vio nacer, luego, como si fuera poco, destierro y exilio. Estas calamidades, afines a su signo, le sirvieron de catalizador, como mal necesario para construir una de las obras más brutales y completas que ostenta la cultura universal. Sin discusión. Fue un indiscutible genio en el campo de las letras y la política como lo fue Mozart en la música, y sufrió un final inmerecido (al igual que Mozart) que pudo ser evitado. Viene la pregunta: ¿Por qué a un genio y figura como Martí lo dejaron morir de esa forma tan infame? ¿Cómo es que, a un hombre clave, de tamaña importancia, Mayor General, con cuarenta mil enfermedades y diecisiete operaciones en un cojón, lo dejaron regresar a la manigua? ¿Estaban locos sus aliados contemporáneos? ¿O esa explicación mística que le dan a morir en Dos Ríos es una treta oscura de los mismos masones para tapar esa negligencia de dejarlo partir montado en un caballo que era conocido en la prefectura por desbocarse y tumbar jinetes? Esto suena a trampa. Y van dos castigados.

Juan Padrón, el tercer Acuario y más contemporáneo, también sufre todavía de incomprensión y de un castigo, por qué no, muy solapado, incluso después de muerto. Personalmente, todavía no me complace cómo es tratado por la crítica cinematográfica nacional. Siento, y lo digo con tremenda rabia, que no se le reconoce su sinigual obra como es debido. Veamos: este Acuario, conocidísimo por ser el genio entre sus colegas (no olviden que Juan Padrón Blanco es el mismísimo Juan Ratón Blanco, el personaje de la saga del Capitán Plin de Jorge Oliver. Y tampoco olviden que Juan Ratón Blanco es el único ratón de esa saga que es positivo, blanco y bibliotecario, o sea, el genio sabelotodo de estas historietas), es autor de una loable obra literaria, gráfica y una potente obra cinematográfica.

Ahora viene mi dictamen, y cojamos los ejemplos de Mozart y Martí: ¿por qué no acabamos de decir con la boca bien abierta, gritando a los cuatro vientos, que Juan Padrón es el MEJOR director de cine de este país? ¿Es muy difícil reconocerlo? ¿Cuál es la ceguera? ¿No hay timbales para reconocer que un director de actores de voces, de personajes gráficos no-humanos, es el director que opera en la atmósfera más sutil y difícil de manejar que existe? ¿Y que, asimismo, logró engranar en esta atmósfera largometrajes del calibre de la Saga de Elpidio Valdés o Vampiros en La Habana? Como en el caso de los anteriores Acuarios, esto me huele a trampa paralela.

Este país con su crítica general sobre Padrón peca de parcial y apocada, todavía es insuficiente. Señores, estamos hablando de un hombre que construyó un universo completo partiendo desde cero, un mundo repleto de personajes complejos e inolvidables que viven PARA SIEMPRE en el inconsciente colectivo de esta isla y parte del mundo. Les recuerdo, ahí no hubo carne ni hueso que dirigir, no hubo cuerpo humano de actores con los cuales congeniar en el plató, todo fue dibujado, coloreado, animado y editado bajo los preceptos del cine más legítimo, constante y sonante. Sin pifias.

Es tan grande su obra que para el espectador es difícil darse cuenta muchas veces que en realidad está ante una sucesión de fotogramas caricaturescos, una imitación de la vida para ser más preciso. A los pocos minutos de estar viendo cualquiera de sus películas el espectador cae en un trance que permite todo lo que vendrá de tal manera que termina siendo cómplice en tiempo real de esos dibujos animados. Son dibujos, no personas, recalco, y esto es increíble. El público humaniza aquí todo lo que ve, no asume eso como unos muñequitos a niveles evidentes, es ya, en la mente de quien mira, un mundo poblado de mambises, oficiales españoles o vampiros internacionales de carne y hueso de ley. Para colmo, y esto a modo de información, Elpidio Valdés, su actor fetiche, nació el 29 de enero de 1877, como él mismo. Sí, Juan Padrón es Elpidio Valdés, otro Acuario que nació 70 años exactos antes que él. Chequéenlo ustedes mismos, al principio del primer largometraje del famoso insurrecto, sale la fecha de nacimiento. Y aclaro, no es lo mismo la fecha de nacimiento de Elpidio Valdés como personaje que la fecha de su debut como personaje de historietas. Elpidio nació en el siglo XIX, su vida es en el tiempo de los mambises, no a partir de su debut en 1970. Elpidio tiene una vida aparte como ente individual cronológico.

Volviendo a la genialidad Acuariana. Juan Padrón, Licenciado en Historia del Arte, estaba muy consciente de que la cultura popular norteamericana es una de las más poderosas que existen, incluyendo su cine por supuesto, ya que Cuba por cercanía ha cogido chorros culturales del Imperio desde las épocas de antaño. En 1983, cuando estrena su segundo largometraje, en medio de un contexto cultural y político plagado de censura y odio hacia Norteamérica, Padrón es capaz de dar a luz una película que en su título tiene implícita nada más y nada menos que la palabra DÓLAR. Esto fue todo un logro dentro de la Cuba de entonces, donde abundaba la más regia censura; además, esta segunda entrega se la dedica al 130 aniversario del natalicio de Martí (no es necesario repetir el signo zodiacal, un Acuario homenajeando a otro), quien había vivido exiliado en nuestro vecino del Norte, tierra en la que se desarrollaba además este nuevo film.

Esta película posee la escena de acción más universal que existe en el cine cubano por la cantidad de elementos extranjeros que engrana de una manera brillante, como solo sabía hacer Juan. Es la escena memorable de Elpidio Valdés contra Dólar y Cañón donde intervienen elementos del cine western a más no poder, un homenaje a ese gran contexto de historietas que tanto le gustara a Padrón. Recordemos: Elpidio con un maletín, el banco, 20 000 dólares, dos espías españoles armados con revólveres y sevillanas, cayéndose a piñazos con el cubano, un sheriff corrupto y sus oficiales armados con wínchesteres recortados, el intercambio de las armas entre los tabaqueros y los magnates Hermanos Chains, tiroteos en el puerto, tiroteos en el puente (con el clásico tren que no podía faltar), incendio en la tabaquería, bomberos, persecuciones a caballo por las calles de una Florida adoquinada, y un asecho que termina con un Elpidio lanzándose al agua desde el puente a la grupa de Palmiche. Western puro.

Otra cosa, el rifle de Elpidio, que su madre le dejara como legado, es un símbolo importante (un Winchester que simboliza la continuación de las gestas de liberación en Cuba), un icono imperial haciendo lo suyo. Solo en un contexto de exilio Acuariano pasa esto. Un arma norteamericana señalando una misión que librar en tierras cubanas. Un rifle Winchester automático de retroceso. Viaje de ida y vuelta. Es un escándalo de obra.

Ni hablar de los posteriores Vampiros en La Habana, todo un ejemplo de cine gánster americano que abarca Europa, Estados Unidos y la Cuba norteamericanizada de Machado. Para qué contar el numeroso elenco de personajes que interactúan aquí (más de 20) y esto sin que la obra abandone la frescura y el dinamismo. O sea, nada sobra, nada se traba. ¿Qué es esto? No se me ocurre otra cosa que una obra de genialidad Acuariana.

Por lo tanto, después de lo que se ha dicho, no es necesario aclarar que Juan Padrón ha sido apocado. Pues no me conformo con que lo recuerden con el tinte chovinista que lo hacen. Seamos sinceros y reconozcamos sin miedo que Padrón se merece este calificativo de MEJOR DIRECTOR de cine en esta isla, con una obra que lejos de ser ejemplo netamente nacional como nos han inculcado, es una obra completamente universal, una obra que rompe las fronteras de la isla constantemente.

Solo me queda recordarles que los anteriores Acuarios como él sufrieron sanciones del destino y que fueron totalmente inmerecidas. Si tenemos a Mozart y a Martí maltratados de una manera injusta, hay que tomar consciencia por default, no se puede hacer lo mismo con Juan Padrón, no nos puede dar la gana que se repita esta maldición astrológica de exiliados Acuarianos. Recordémoslos como se merecen y no como nos dicen que hay que hacerlo. Acuario es el signo del humano, del concepto de humanidad y a nosotros nos toca honrarlos por dos razones, primero porque es justo, segundo, porque reconocerlos como debe ser, significa liberarnos de las leyes opresoras preconcebidas que nos azotan.

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