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Diseño e Ilustración por La Mamarracha

Por Solveig Font

Son las 4:00am. Desvelada como medio mundo, miro a mi perra y sus ojos me dicen: ¿y ahora qué? Entro en Facebook por oncena vez a ver a la misma gente. Me asquea: perritos, gaticos, quejas, textos, literatura por doquier… y todo me asquea. Salgo de allí como “El grito” de Munch (¡¡¡Hasta cuándo, asco!!!), y diciéndome por oncena vez que no entraría más hasta dentro de una semana.

Claro, salgo para entrar en Whatsapp. Mmmmm, ¿quién está despierto? ¿Quién está como yo, muriendo en este “silencio que abruma”? Y lo peor es que no hay nadie interesante, nadie con quien la conversación resulte al menos intrigante y me haga brillar los ojitos; quizás pido demasiado, y salgo.

Entro a Instagram, veo quién me dio like y veo mi dedo que sube y sube, tantos corazones me hacen llorar. ¿Se quejan los que están acompañados en estos momentos de pechito con pechito, ombligo con ombligo? ¿Me quejo yo de _______________?

Finalmente entro a Messenger. No me gusta entrar, no me gusta conversar en Messenger, esos tres puntos de espera, el diseño… en fin, no me gusta, pero aparecen varios punticos verdes. ¡¡¡Eureka!!! Un ex en la red conectado a las 4:30am. “¡Comienza la pasión!”, contenida claro. Tiene novia y no me gusta precipitarme. Y además, puede ser ella en el teléfono, que las conozco jajaja.

Es él, y me dice:

Mijaaaaaa Y yo, aclaro ahora, odio que me digan mija, chica, etc., pero le respondo:

¡Qué bola!, ¿cómo estás?

Bien, desvelado.

Cuento corto: estaba en casa de un amigo cerca de aquí y sin la novia. Hablamos, hablamos, hablamos y cuando creo que no está pa na, me dice:

¿Tienes ron?

¡Siií! — Gracias a unos amigos tengo una botella de Santero que ahora mismo es un Santiago para mí.

¿Quieres que vaya?

… … … jajajajjaja

Sí. ¡Claro!

No lo pensé. ¡Qué venga coronavirus! 19, 20 y 40… los días que llevaba sin verla pasar. Prefiero la muerte a este desvelo desingado.

Voy pallá.

Andrea me mira con ojos de: ¿y ahora qué? ¡A recogerse!

Miro mi casa, mi cama, mi cuerpo y corro. Pongo a hacer hielo, porque el Santero, al menos con hielo, se ve más decente. Recojo la cama y voy para el baño a chapearme y chapistearme completa. Cuando no hay compañía para qué el empeño, pero ahora era el momento. Y con espuma de afeitar me lo llevo todo. Todo. Una bebé fresca y olorosa. Me empaveso en cremas y me dispongo a esperar.

Tranquila… todo está listo.

Me vuelvo a conectar y me había dejado un mensaje que decía:

Estoy saliendo Y ya el corazón se me salía. Le había dicho que no tocara el timbre, que me llamara al móvil para abrirle la puerta. Recordé en esos momentos la serie Fleabag. Me puse mi mejor y más sexy blúmer y bata de arranca y huye.

Pasaron los minutos. Ya eran las 6:00am y nada. Miro el teléfono como si me fuera a decir algo, busco si tengo cobertura, me conecto, me desconecto. Y no llega.

Decepción. Más abrumada que antes me dije: bueno… va y la novia lo llamó, se formó y no pudo venir. En fin, comienzo a pensar que es lo mejor, que no quiero hacerle daño a nadie y bla bla bla.

Decido aprovechar el tiempo e irme a alguna cola. Deprimente, pero efectivo. En el fondo quería matarlo, despingarlo por tanta humillación. Pero decido ir a una cola a gritarle a alguien para expandir mi ira hacia los otros. La otredad.

Estando en la cola aún, sobre las 10:00am, me llama para decirme que saliendo para mi casa lo habían cogido preso. Había tomado, la policía lo vio fumando con el nasobuco abajo y le pidió el carnet. No es de La Habana. Y se lo llevaron preso. Me llamó para que, por favor, lo sacara de allí.

Sin alcanzar nada en la cola, desingada, sin dormir y sin esperanzas futuras, fui a sacarlo de la cárcel. Miré a los policías con odio, pero no por él, sino por mí.

Reportando y descontando.

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