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ArtCover por La Mamarracha

Por Hanzer González Garriga

La palabra Macho posee una raíz biológica anclada al órgano reproductor masculino, mientras que la concepción de Hombre se basa en una construcción social, el Macho debe aspirar o llegar a ser Hombre. Con el paso del tiempo y la ayuda del imaginario popular, Macho transmutó en sinónimo de viril, de Hombre marcadamente masculino, o sea, ahora nacen Hombres y se desarrollan a Machos. Una suerte de inversa.

Existen cualidades y comportamientos a manejar para llegar a la concepción popular de Macho. Uno de los más importantes se relaciona directamente al genital masculino. Me tomaré el atrevimiento de enmarcar cuatro aspectos a tomar en cuenta para la proyección pública y el ser respetado y visto como Macho.

Estos comportamientos son: marcar paquete, rascar y acomodar el bulto, sonar el meao y la abertura de piernas.

Todo basado en el dominio territorial y la marca, el volumen y la grandeza aparentada del divino bulto.

Marcar Paquete

Como vengo diciendo, la dimensión del genital es de vital importancia para ser tomado como un Macho, pero como las normas sociales no permiten andar por la vida con aquello al aire, “a la bartola”, tipo péndulo de aquí para allá y de allá para acá, lo primero entonces es marcar paquete.

Estos aspirantes a Macho se “acomodan” toda la historia para que se les haga un bulto. Todo un cortejo animal para la hembra (mayoritariamente). Es como la melena del león o la cola del pavo real, el fin es verse vistoso (o gustoso). El punto es lograr que las vistas vayan solitas hacia la zona genital y alcanzar esa cotizada subida de cejas, la subida de “ummmmm ahí vive alguien y eso que está muerta”.

Opciones hay, usted escoja la que le convenga, por ejemplo, no use calzoncillos y apriete bien el bajo a su zona genital (no importa que vaya al baño y se marque una punta de pipi en la mezclilla, ser sucio es parte del performance; eso sí, ojo al subir el zipper).

Rascar y Acomodar el Bulto

Si de manera orgánica las hembras no bajan la vista hacia la zona genital del macho existe otra opción (la más usada me atrevo a decir) y es precisamente esta.

El aspirante a Macho debe tratar, en la medida de lo posible, de estarse rascando y acomodando el bulto en lapsos de dos minutos entre cada acción. Un acercamiento a la hembra y comenzará el rasca rasca, no importa que parezca que tienes ladillas, escabiosis, herpes o que simplemente tienes eso allá abajo sin lavar y con tremenda cochambre, ya lo dije, ser sucio es parte de ser tomado en cuenta como Macho.

Si el rasca rasca no funciona entonces el aspirante a Macho pasa a la acomodación de la zona genital para dar a entender a la hembra que aquello es bastante grande y no logra encontrar una posición cómoda dentro del calzoncillo o el pantalón y la muy escurridiza quiere salirse para afuera. Si las dimensiones del Macho no son tan favorables, este automáticamente, pasará a acomodarse, además del pene, los testículos, aunque le duelan, el punto es meter todo aquello para una esquina y que se vea poderoso, grande, lleno y abastecido.

Sonar el Meao

Estos dos puntos anteriores están mayoritariamente dirigidos a la hembra del rebaño. Pero cuando a su alrededor hay otros aspirantes a Macho, entonces emprenden el dominio territorial.

Precisamente el orine es una marca para algunos animales, pero como las normas sociales impiden que el Macho se baje el zipper y mee de pies a cabeza a la hembra, estos deciden irse a duelo.

Van al baño, a una esquina o detrás de un árbol (depende del lugar), sacan las espadas y de ellas brota con celeridad y ruido el orine. Apretando las vejigas para hacer más intensa y gruesa la línea del orine, el más viril lo hará sonar fuerte contra la porcelana o la pared.

El baño público masculino se ha convertido en un rodeo de virilidad, no sé en qué momento tener un buen chorro de orine fue síntoma de hombría, ¿acaso será la respuesta al por qué la vejez del Macho está ensombrecida por la incontinencia urinaria?

Abertura de Piernas

Pero en el Macho existe, con o sin la presencia de la hembra, una necesidad de abarcar y expandirse territorialmente, y es entonces cuando ocurre la abertura de piernas.

Parece un poco raro esto que planteo sobre abrir las piernas, pero no me refiero a la parte sexual del asunto, sino al dominio territorial. El macho promedio debe tener, al estar sentado, las piernas abiertas, cogiendo aire, abarcando y marcando el espacio.

La mayor desgracia es que vayas en un asiento trasero de algún automóvil en el que tres hacen multitud y, si en caso hipotético, te toca ir con dos Machos, puedes dar por seguro que entre ellos habrá una batalla de aberturas y dominio “machoso”. Cada vez irán abriendo más sus piernas para abarcar espacio, hasta llegar al punto en que el macho dominante logre expandirse en el asiento y comprimir a los débiles o a las débiles contra la ventanilla.

Y si llegara otro macho, menos macho y cruzara las piernas: “¡cuidao que ese es pájaro!”. ¡Ay de ustedes si les toca caer en el centro del asiento y a sus lados dos Machos en plena batalla!…bueno, imagínense, un archivo WinRaR.

Final

Quisiera entender en qué momento cambiamos el nacer Macho y convertirse en Hombre a nacer Hombre y “hacerse” Macho, es una inversa, un retroceso. Se nace Macho y se intenta ser Hombre, un Hombre responsable de sus actos, de su educación y su expresión pública.

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Revista cubana de cosas que te callas

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