ESCAPÉMONOS DE LATINOAMÉRICA

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ArtCover by GarcíaGomez

Por Victor Fernández

En medio de una reunión familiar, mi tía sacó su teléfono y se puso a buscar pornomiseria en Facebook. A los diez segundos de estar dándole al dedo encontró un video que se titulaba “Le llamaban indígena y canta como el Arcángel Miguel”. Mi tía, como buena hija de Dios, le dio play y todos los familiares que estábamos en aquella sala nos posamos a su alrededor.

El programa creo que era La Voz Kid Ecuador.

Primero, aparece un primer plano de un niño con traje y corbata. Muy lindo el niño. Uno de los jueces comienza a conversar con él.

¿Qué tal? Bienvenido al programa. Cuéntanos de dónde vienes, dice el juez. El niño traga saliva y contesta: Vengo de España. ¿De España?, ¡qué bien! Un beso para todos los amigos de España que nos ven. Los demás miembros del jurado lanzan besos al aire. Cuéntanos, ¿cuándo llegaste a Ecuador?, pregunta el juez. Nací aquí, pero mi mamá me llevó para España siendo chiquito. ¿Más chiquito?, señala el juez. El público, los demás jueces, el niño y hasta los camarógrafos se ríen del chiste. ¡Qué bien!, ¡bienvenido de vuelta!, el público y los miembros del jurado aplauden. El niño hace mini reverencias con la cabeza. ¿Cómo te llamas y qué edad tienes? Me llamo Miguel Vegas y tengo once años, responde el niño. Oye, ¿y por qué regresaste a Ecuador?

La cámara que filma a Miguel comienza un lento pero consistente zoom in, de fondo una música en extremo depresiva.

En la escuela me costaba trabajo concentrarme. Los demás niños no me dejaban tranquilo. Me molestaban todo el tiempo y me decían cosas feas. Ya no quería seguir yendo a clases. ¿Qué te decían?, le preguntó el juez. Me decían indio, contestó Miguel bajando la cabeza.

Enseguida mis tías y mi madre comenzaron a hablar mal del capitalismo y de los españoles y de lo terrible que es ser inmigrante y bla bla bla. Mis tíos y mi padre hicieron su aporte y hablaron sobre su poca tolerancia hacia el abuso y sobre los castigos que ellos mismos les propinaban a los abusadores en sus tiempos escolares.

¿Por qué te decían eso?, pregunta el juez. Me decían que tenía la piel oscura y que las niñas no querían acercarse a mí porque se iban a manchar. Y me decían que tenía piojos y que me iban a regalar taparrabos y plumas para poder ir a la escuela. En el público se escucha un ¡AOW! colectivo. La música depresiva se pone más intensa. La cámara se posa en la cara de Miguel, que dentro de nada va a pasar a ser Miguelito.

Miguelito, esa gente siempre la paga, dice el juez indignado y lleno de rabia. El público aplaude y mi tía le dice a mi mamá que sí, que la gente mala siempre paga. Pero lo que parece un final feliz no lo es. Al audífono del juez llegan unas palabras que le dicen que continúe sacando mierda del niño.

Y bien Miguelito, ¿por qué se fueron a vivir a España?, pregunta el juez. Aquí viene de nuevo el zoom in lento y aplastante hasta la cara del niño, con música depresiva para amenizar. Es que éramos muy pobres. Mi mamá trabajaba en una fábrica de desinfectantes, ganaba muy poco dinero y la maltrataban y un día la intentaron violar y la despidieron y como ella quería un futuro mejor para mí y mis hermanitos, nos llevó a España.

Mi tía comenzó a hablar sola, decía que en Latinoamérica hay mucha pobreza y que a esos países tercermundistas el desarrollo no había llegado. Mi madre la sigue y le dice que Latinoamérica es un problema sin solución.

¿Cuál es tu talento Miguelito?, pregunta el juez. Ah, mi talento es cantar. ¿Y qué cantas? Ópera, dice Miguelito. ¡Qué bien!, ¿cuál ópera te gusta? Me gustan todas, canto en italiano, alemán, inglés, eslovaco, húngaro, ruso, sueco, finlandés, estonio, búlgaro y polaco. ¡De pinga Miguelito! ¿Te decían algo en España por cantar ópera?, pregunta el juez en un intento evidente por exprimir toda la mierda que puede.

De nuevo la cámara hace un zoom in, la música deprimente vuelve a aparecer y Miguelito comienza a hablar. Me decían que los indios no podían cantar ópera porque….

En ese punto del video, el que se sentía abusado era yo. Me levanté de la silla hablando mierda. Me quejé de haber nacido en este país, en este continente, me cagué en la madre de los españoles por haber traído el cristianismo, que lo único que hace es fomentar la desidia y las actitudes miserables, que hace sentir a la gente como gusanos. Así, fui hablando mierda hasta terminar en TV Azteca, cagándome en la madre de todos los indios churrupientos de Latinoamérica que se prestan para esa pornomiseria que se vende tanto. Me cagué en la madre de los productores por coger a niños y abusar de ellos de esa manera. Me cagué hasta en mí por haber nacido.

Mis tías y mi madre siguieron viendo el video y de repente Miguelito comenzó a cantar, la verdad, nada del otro mundo. Mi madre dijo emocionada que Miguelito cantaba bello, se le salían algunas lágrimas. Mi tía dio un golpe en la mesa y dijo que Miguelito iba a ser millonario. Una vez que terminaron de ver el video, mi tía dio play al siguiente; este se titulaba “La maltrataban por ser inmigrante, pero baila como un ángel”.

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