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Diseño by La Mamarracha

Por Gabriel Morales

Hace meses, sucediendo al hashtag #BLM (Black Lives Matter), usado para crear conciencia acerca de los lamentables actos de represión racial ocurridos en Estados Unidos y en el mundo, aparece una nueva campaña que hasta el día de hoy ha ido cobrando mayor visibilidad. Esta campaña tiene como eslogan “Free Britney”. Su objetivo es la liberación de la cantante de la tutela legal impuesta por la corte, que le da a su padre, Jamie Spears, el control casi absoluto sobre su vida.

Si te pones a pensar en la sociedad actual, indirectamente los padres piensan cada vez más en los hijos como capital humano. Puede sonar crudo, pero es totalmente cierto. Todo el mundo quiere que su chama sea el mejor de la clase, el bisnero sabroso o la más pegá de Instagram, como si todos los demás fueran considerados adefesios por ser menos brillantes o exitosos.

Con Britney pasó algo bastante similar y muchísimo más agresivo. Todo empezó por este tipo de extorsión silente desde sus 4 años de edad, cuando actúa para Broadway y posteriormente entra a The Mickey Mouse Club (programa similar a La Colmenita, pero sin leer a Martí ni oír canciones de Silvio), donde conoce a Christina Aguilera, Ryan Gosling, Justin Timberlake y otra serie de niños “producto”.

Luego, con tan solo 18 años, graba su álbum debut Baby One More Time, que fuera el disco más vendido por una solista adolescente. De igual manera, al año siguiente logra récord de ventas con Oops!…I Did It Again en su primera semana de lanzamiento. Estos primeros dos discos le dieron la suficiente notoriedad como para ser considerada la Princesa del Pop. Se perpetúa entonces la imagen de la colegiala juvenil con la que siempre la estereotiparon, además de ser obligada por las disqueras a no usar su voz real, que es mucho más grave que la voz de una niña. Voz que nos han forzado a creer que tiene y que ha dañado sus cuerdas vocales, todo por las necesidades de un público morboso.

Pero lo preocupante no es eso, sino que a esos niveles, ni siquiera el talento es importante. Por eso les llamé los niños “productos”, porque desde pequeños son escogidos por los magnates del entretenimiento para ser consagrados a vivir el resto de sus días con el peso de hacer dinero para ellos y crear contenido sin cesar para un público ansioso y exigente que se cree que sus ídolos están hechos de materiales más resistentes. Por ende, dinero también para sus padres que en primera instancia, son los que permiten esto.

Lo triste es que, en este caso, lo de los padres no es solo una suposición. Después de los escándalos de Britney en el 2007, tras la pérdida de la custodia de sus dos hijos y el divorcio con Kevin Federline, relación que dicho sea de paso, tuvo mucha relevancia en la crisis nerviosa que sufrió la artista (se rapó la cabeza y olvidó la coreografía en uno de los Video Music Awards); tales comportamientos fueron camuflajeados por el abuso de drogas, en vez de aceptar la verdadera causa: la presión mediática que estaba sufriendo, que le haría la cabeza agua a cualquiera.

Tomando esta acción inmediata, después de haber sido hospitalizada, su padre pide a la corte la tutoría legal por el período de un año, tutela que se extendería hasta el día de hoy, bajo el pretexto de que su salud mental no ha mejorado. Lo que resulta muy extraño es que desde hace doce años la artista no ha parado de trabajar dando tours, grabando discos y haciendo apariciones en programas televisivos. Todo esto representa un valor neto de más de 250 millones de dólares, Britney solo tiene derecho a 1 000 dólares semanales de todo lo que factura.

El padre, echándose fresco en donde tú sabes, cobra un salario anual de más de 180 000 dólares porque le da la gana a él, literalmente. A esto se suma una extensa lista de restricciones para su hija: con 38 años no puede sin su permiso ni votar, ni usar un teléfono sin ser monitoreada, ni ver a sus hijos cuando quiera, ni gastar su propio dinero, ni salir a la calle, ni dar entrevistas…. y la lista sigue y sigue. O sea, la Britney que ven en redes sociales y en la televisión es ahora mismo lo que ellos quieren mostrarnos. Por ello, en tan poco tiempo, más de 220 000 fanáticos dieron sus firmas y han estado apoyando esta campaña.

Muchas teorías de conspiración un tanto descabelladas sugieren que el uso de prendas de un color específico ha sido una respuesta de la cantante para pedir ayuda, luego de que le impusieran supuestos códigos para comunicarse en redes sociales. Esto si ya es tremenda comedera de mierda en mi opinión, pero el revuelo, al menos, causó la reapertura del caso el pasado 22 de Julio. Se ha especulado por varios medios que la audiencia fue realizada de manera digital y que sospechosamente, tuvo varios problemas técnicos en la conexión, pero de todas formas, el juez no pudo tomar una decisión para que su padre, Jamie Spears, mantuviera o no el poder legal sobre sus decisiones y fortuna.

Conclusión:

Sigue embarcaísima la Britney.

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