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ArtCover por La Mamarracha

Por Laura Kayla

Una de las singularidades de la moda es su capacidad para viajar en el tiempo. Las prendas que hoy utilizamos son el resultado de una necesidad instintiva por rehabilitar, por citar tiempos pasados, “siempre mejores”. Aunque increíblemente vago e impreciso, los entendidos aseveran que el contexto social es el responsable de encauzar el camino estético a seguir. El contexto social dice, en fin, la ambigüedad…

Hasta el momento había prestado poca atención al caso de los revivals, me parecían una añoranza arbitraria, imposible de predecir y, sobre todo, en lo absoluto relacionados con el contexto social. Asumía que se trataba de una complicidad invisible que se entretejía frente a nuestras narices, pero de la cual estábamos todos excluidos. Sin embargo, todo esto cambió cuando comencé a reconocer espacios comunes en los más recientes asideros de la moda.

La década del 20 ha nacido con un severo complejo de futuro. En este punto de la postmodernidad, en el que todas las citas son válidas y todas las expresiones de individualidad son legítimas, la realidad ha elegido citar únicamente al futuro, una voluntad marcadamente distópica. La moda, por su parte, con tantos sitios a los cuales mirar, tantos “pasados mejores”, ha elegido mirar hacia donde nunca antes lo había hecho. Y, salvedad, me refiero a un fenómeno que se expresa a plenitud únicamente en los grupos más arriesgados, alternativos y fashion&culturally-conscious. Y añado, un fenómeno aún no digerido y vomitado (al menos no en todo su esplendor) por los reguladores hegemónicos de la moda, dígase casas de moda de alta gama y sus heraldos negros, las firmas de fast-fashion. Me refiero a los 2000. Sí, “hit me baby one more time”, porque una vez no fue “enough”.

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Britney Spears y Justin Timberlake en los Premios MTV. Foto: Cortesía de la autora

¿Pero qué dices?, te preguntarás (o no), ¿si hasta ayer mismo estaba viendo memes de Paris Hilton en sus Juicy Couture y de Britney Spears y Justin Timberlake en los Premios MTV de matching denim? Cringe infinito e icónico a la vez, ¿cómo no estar severamente conflictuados? Pues bien, la respuesta reducida viene patrocinada por la teoría de los 20 años. Muchos aseveran que las tendencias regresan cada 20 años, lo cual explica algunos de sus comportamientos caprichosos como el caso que nos compete, o que los noventa dominaran la primera mitad de la pasada década; pero, a su vez, explica nada, porque esta teoría la autodestruye su propio absolutismo.

La respuesta ampliada es una extensión de la anterior, no la desestima, pero la upgradea y solo cobra vida a través de preguntas y no a partir de afirmaciones. ¿Por qué 20 años y no 10 o 30 o 50? ¿Quiénes dictaminan lo que es culturalmente relevante? ¿Dónde se encontraban estos “jueces culturales” de hoy hace exactamente 20 años? Si el camino estético a seguir es dictado por el contexto, ¿existe algún otro elemento que nos impulsa a gravitar en un pasado específico? Entonces, pienso en mí, que para nada soy la voz de mi generación, aunque definitivamente una voz, de una generación. Y me pienso hace 20 años, en pleno 2000, haciéndole creer a mis compañeros del kindergarten que era sobrina de Jennifer López. Entonces, pienso a Jennifer López en su archiconocido vestido verde Versace en los Grammys, y me pienso a mí, su sobrina, en su vestido verde Versace. La respuesta es clara y la respuesta es una: la nostalgia.

Jennifer López en los Grammys. Foto: Cortesía de la autora

Es la primera vez en la historia que la moda se remite a los 2000. También es la primera vez en la historia que esta/nuestra/mi generación se hace de las riendas culturales. Podríamos todos coincidir en que cuando las señas de la adultez se hacen ostensibles, la infancia se convierte en un seguro “pasado mejor”. Ya lo advertía Bad Bunny en los videos de su último proyecto YHLQMDLG, en los cuales recrea la primera mitad del 2000 desde un claro rejuego con lo autorreferencial. Y es que la vuelta a los 2000 denota una vuelta a los cimientos, a unos cimientos que como generación necesariamente hemos negado y desacreditado en nombre del “progreso”. De forma innata tenemos la necesidad de redimir realidades que hemos convertido en contenido memeable. Destruir para redimir. ¿Recuerdan cuántos años el reguetón fue bajo, vulgar, risible, antes de ser validado como una auténtica expresión generacional? Pues bien, eso. La nostalgia es la culpable, la responsable de nuestra mirada a ese pasado específico, a ese “pasado mejor”, pasado que únicamente tras ser rechazado pudimos reconocer como formativo.

Lo mismo ha sucedido con la moda. Y no, no todo volverá. Es poco probable que regresen los vestidos sobre vaqueros, pero lo más salvable de la era 2k está siendo exonerado. Es importante resaltar que la estética específica de los 2000 no fue casual, fue un gesto minuciosamente creado por jóvenes diseñadores que pretendían rebelarse contra los ideales tradicionales de belleza y subvertir las expectativas que giraban en torno a la moda. El trabajo más emblemático de la época fue, sin lugar a dudas, el periodo de Alexander McQueen en Givenchy, de John Galliano en Dior y Tom Ford en Gucci.

Comprender este revival en específico me ha revelado que la moda es mucho más de lo que asumía. La moda es la medida moderna del tiempo, un tiempo que hace mucho dejó de ser lineal e histórico. Dice Faulkner que el pasado nunca se muere, ni siquiera es pasado. Así que mientras repiensas tu relación con el tiempo, con este presente que en algún momento será un “pasado mejor”, recuerda, “it’s not a bag, it’s a baguette”.

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ArtCover por La Mamarracha

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Revista cubana de cosas que te callas

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