Por Roman Gutiérrez Aragoneses

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Diseño de La Mamarracha

El mongofiera es un ser acomplejado e inseguro, por lo tanto, no cree en sus propios talentos. El mongofiera infla y calca sobre la base de algo que ya está legitimado por el criterio de la multitud, por lo que es totalmente un anti-innovador. En cuanto a cómo se mueve entre sus coetáneos, es como el perro del hortelano, ni come ni deja comer. Incluso, él puede tener todos los talentos del mundo, que siempre prefiere el de la otra persona. Es muy común ver cómo muchos mongofieras se la pasan chupando ideas e iniciativas ajenas, para luego atribuirse la autoría delante de los grupos que lo escuchan, y así se agencia la gloria.

Se centra más en no dejar que tú te desarrolles que en desarrollarse él mismo. Siempre te mide por la cantidad de mujeres que te singues. Ahí comprueba si eres de temer o no, si puede competir o no. Siempre está probando fuerza y tiene un proceder clásico: Empieza por hablar mal de ti con las mujeres, desacreditándote de antemano, así asegura que no estén de tu lado, o mejor, que no estén pa ti, aunque él no se singue a ninguna. Prefiere perder un ojo por tal de verte ciego. Frágil como un enfermo, es siempre envidioso/débil ante las tetas. Por lo que depreda y trata a las mujeres como mierda.

Generalmente, el mongofiera fue un niño malcriado por su madre o por su abuela, quienes le acostumbraron desde chiquito a pensar que era el mejor en todo. Y el cariño recibido no importa aquí, puedes ser de buenos sentimientos y ser un mongofiera igual.

Mongofiera es compararse con todos, y la comparación genera división y por tanto, actitudes territoriales y predatorias de todo tipo. Marcadera de terreno… sentido de pertenencia disparao… egoísmo a tabla… robadera de ideas, oportunismo.

Mongofiera al fin!

El término mongofiera se aplica tanto para hombres como para mujeres. La mujer mongofiera asegura su legado a base de conductas competitivas, le da igual compararse con el marido, el novio, el amigo, la amiga. La cuestión es calentar, no tener paz. Muchas veces nos encontramos con mujeres que se jactan diciendo que solo andan con hombres, como si esto fuese un sello puro y original. Nada más lejos de la verdad. Esas mujeres solo andan con hombres para asegurar ser el centro del grupo masculino y marcarse al menos dos puntos estratégicos a su favor:

1. Siendo la única mongofiera femenina del grupo, no existe otra con la cual compartir los juegos psicosexuales que de vez en cuando le dedican sus machitos, así la posibilidad de ser la única reina es segura. Tiene una corte para ella sola.

2. Puede ejercer su imperio de chantaje emocional libremente. Su comportamiento natural controlador se pierde entre los hombres del grupo (los hombres, generalmente incautos y poco sutiles, la dejan hacer de todo sin ser cuestionada). El punto es que, si hay otra mujer, su naturaleza oscura sería muy evidente ante los hombres y eso no puede ser. La vanidad manda y tiene que ser camuflada a toda costa.

Otro ejemplo:

Las mongofieras que están solteras y que no quieren que su amiga sea feliz con su novio, preparan planes continuos de rutinas independientes para machacar a la otra amiga con su ejemplo de mujer independiente y libertina. La amiga generalmente copia esta conducta y la mayor parte del tiempo se pelea con su novio, sin que este se entere de qué es lo que pasa con su novia que pelea por todo.

Muchos problemas en las parejas son por culpa del mongofierismo. Aquello de quién entiende a las mujeres o quién entiende a los hombres, tiene una explicación: Lo que usted no vio es la clave de todo ese problema. Usted no vio a la mongofiera poniéndole bombas por detrás. Usted no vio al mongofiera boicoteándole el noviazgo, también por detrás. En este mundo hispano-católico, donde el mongofierismo impera y ser noble es sinónimo de bobería, es donde se desarrollan estos infiernos. Tanto el hombre como la mujer sufren de este mal. Y aquí viene la pregunta: ¿El mongofierismo tiene fin? Ahí está la historia de Jesús, llevado a la cruz por su pueblo de mongofieras. O el conde de Montecristo, que sin beberla ni comerla tuvo que jamar una cárcel del coño de su madre.

En fin, si el mongofierismo tiene cura, al menos en los últimos 6000 años no hemos dado con el antídoto.

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Revista cubana de cosas que te callas

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