Por Victor Fernández

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Diseño de La Mamarracha

Gracias al amigo de un amigo logro quedar con Xxxxxx. Convenimos en vernos en su casa y esa es la primera sorpresa que me llevo. Xxxxxx vive en el mismo barrio donde yo he vivido el 99 % de mi vida y jamás escuché hablar de ella.

Me paro en la cerca un poco nervioso y toco el timbre. El cerrojo electrónico emite un sonido parecido al que hace una gallina cuando la estrangulan. Se abre. Entro a la propiedad de mi “víctima” y cruzo un jardín extremadamente cuidado hasta llegar a la puerta de su casa. La puerta está entreabierta. Xxxxxx me avisa que está en el patio e inmediatamente el nervio que venía sintiendo aumenta dos niveles más, la voz de mi anfitriona es bella.

En el patio me está esperando una mujer de unos cuarenta y tantos años, me di cuenta al verle los codos. Me siento en un sillón frente a ella y lo único que puedo ver de su rostro son los ojos marrones. Tiene puesto un pasamontañas. Convenimos en que no te iba a enseñar mi cara ni ibas a publicar mi nombre, me dice y yo asiento sin ningún tipo de problema.

Xxxxxx me hace varias historias sobre su infancia, así me entero que estudió pintura en San Alejandro y que cuando fue a pasar al ISA, su padre, un antiguo general de las FAR, fue sometido a juicio por supuesto tráfico de maderas preciosas durante los últimos años de la Operación Carlota. También hace especial énfasis en la destitución de Carlos Lage y me dice que ese fue el periodo cuando más miedo sintió. Evita darme muchas explicaciones y lo deja todo en que su padre, que para ese entonces estaba aparentemente reinsertado en las esferas gubernamentales, fue una de las personalidades que no se mencionó públicamente y el que peor castigo recibió. Hago un intento por sacarle el nombre de su padre y lo único que consigo es un: Se supone que viniste para conversar de otra cosa.

En la casa de Xxxxxx no hay fotos ni referencias a la familia. Comienzo a dudar si esa es en realidad su casa o solo la utiliza como cuartel general de su negocio. Un negocio que resulta bastante delicado. La anfitriona me guía por un pasillo hasta llegar a una habitación bastante amplia. Las paredes y el techo están cubiertos por espejos. Uno de esos inmensos espejos tiene una manija, Xxxxxx nota que presto especial atención a este detalle. Ese es el closet, me dice. Va hasta él y lo abre.

En el closet hay dos gaveteros llenos de strap ons de todas las formas y colores posibles. Xxxxxx me dice que son 479. Vuelvo a mirar alrededor y me llama la atención que no haya ni aros para bondage, ni cruces de San Andrés, ni pinzas, ni nada de lo que usualmente le viene a uno a la cabeza cuando piensa en BDSM. Le pregunto sobre esto y Xxxxxx me responde una cosa interesante, lo dejo literal: Ustedes los blanquitos rockeros tienen la cabeza muy condicionada, yo no practico nada de eso, no es mi filosofía. Sácate de la cabeza el 24/7 y todo el plan sumiso heavy metal ese. A ustedes Marilyn Manson les hizo mucho daño. Entiendo lo que me dices, pero te falta mucho todavía para abrir la cabeza. Me vez así toda rica, pero yo puedo ser tu mamá. He vivido y leído más que tú.

Después de que se me pasara la depresión momentánea provocada por el raspe de Xxxxxx, vuelvo a adoptar la posición de “muchacho con revista independiente que se hace el periodista”. Xxxxxx se pone un poco maternal y me invita a la cocina a tomar jugo.

Estamos uno frente al otro, separados solamente por una meseta. Le hago una seña y me dice que sí, que puedo fumar. Enciendo un cigarro y vuelvo a hacer preguntas. Xxxxxx me dice que los hombres que piden su servicio son todos poderosos, con dinero, cubanos y extranjeros, y me dice además, como para acentuar cuán poderosos son, que si me enterara de sus nombres podría costarme la vida. Esto me llama la atención, no sé si es cierto o no. ¿Y por qué no te han matado?, le pregunto. En este país todo el mundo se sabe cosas y el que sepa las cosas más fuertes y tenga pruebas es el intocable, no te estoy hablando de quién tiene más carros ni quién viaja en jet privado, eso es normal, me refiero a cosas sensibles que pueden costarle la existencia a cualquiera.

¿Dónde tú estudiaste?, me pregunta, y veo en sus ojos que intenta hacerme sentir como el culo, pero decido no hacerle caso. Después de dos o tres preguntas sin sentido, le pido que me explique a qué se dedica. Con un tono muy condescendiente me pregunta si recuerdo “las pingas de plástico”, le digo que sí. Con un tono aún más condescendiente me pregunta si recuerdo lo último que me dijo. De repente entramos en un juego en el que yo voy enumerando las cosas que me ha dicho y ella me va diciendo “no, la otra”, hasta que regresamos a la parte de los hombres con poder. Y es cuando me da su explicación científica: Estos hombres, que por regla general son muy malos o están a punto de serlo, tienen mucho estrés, por una razón u otra. Entonces yo los alivio de ese estrés. Mi trabajo consiste en darles pinga plástica, me los singo. Se puede decir que soy una prostituta, pero en vez de dejar que me la metan por dinero, yo soy la que la meto por dinero. Eso sí, trabajo sola, no controlo una red de mujeres que hacen lo mismo que yo.

En ese punto hace ya varios minutos que su trabajo ha dejado de importarme. Entonces trato de que me diga el nombre de algunos de sus clientes. Xxxxxx me alerta que a partir del minuto en que me enterara de algunos nombres, iba a estar en peligro. Después de clavar sus ojos marrones en los míos, me dice que no puede ponerme en peligro, que yo no tengo la menor idea de lo que me puede pasar y que evidentemente no tengo la menor idea de lo que hago. Ahí vuelvo a acomplejarme y le cuento mi historia personal, la de los últimos cinco años. De repente, sus ojos pasan de mirarme con condescendencia a mirarme con solidaridad y me dice: Se suponía que esto iba a ser otra cosa, FFFFF me dijo que no te ibas a meter en eso, pero veo que tenemos muchas cosas en común. Mira, atiéndeme bien, a partir de ahora, de las suposiciones que hagas tú, tienes que tomar toda la responsabilidad y ni se te ocurra mencionar nada relacionado conmigo. Por ejemplo, dos de los que más vienen aquí son gordos, uno sin barba y otro con barba, uno es de un sindicato y el otro era de turismo, también viene mucho un actor puertorriqueño de Hollywood.

Enseguida ato cabos y le pregunto si son Manuel Marrero, actual Primer Ministro, Ulises Guillarte, el presidente de la Central de Trabajadores de Cuba y Benicio del Toro. Xxxxxx hace un gesto con los hombros de “no sé de qué me estás hablando”.

Ya que el camino se vuelve un poco intenso, le pido que me explique cuál es su filosofía de trabajo. Xxxxxx se limita a decirme: Los machos del Caribe se callan muchas cosas y es idiosincrático que prediquen todo lo contrario a lo que hacen. Eso es igual para todos, incluso para ti, dice mirándome. Además, así los tengo agarrados por los huevos. Acuérdate de esto que te voy a decir, el año que viene, cuando Raúl deje el poder, si es que en verdad lo hace, verás cómo todos empiezan a quitarse las caretas y en ese momento, yo voy a ser un punto clave.

Viendo el rumbo que ha tomado la entrevista, le pregunto por qué decidió hablar con Mujercitos y no con alguien más. Decide no decir una palabra más. Se despide de mí y me aconseja que tenga cuidado y que piense dos veces antes de escribir esto. Me pasa la mano por la cabeza como si yo tuviera siete años y segura de que si sucede algo, nuestro amigo FFFFF se lo dirá. Me da unos consejos a modo de amenaza y me pide que me vaya.

Salgo de su casa y decido subir hasta 5ta Avenida. En el camino veo que en la cafetería que está dos casas más arriba de la de Xxxxxx, hay dos hombres con pullovers a rayas y zapatos negros de vestir, afuera hay dos motos Suzuki, más claro ni el agua.

De sucederme algo los mantendremos al tanto.

Written by

Revista cubana de cosas que te callas

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