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Diseño by La Mamarracha

Por Ama de casa 2020

Tengo una amiga que me envía blúmeres desde Madriz, la capital de la madre patria. Los blúmeres que venden en Madriz son más saludables para mi tota que otros blúmeres de materiales sintéticos, dice La Amiga, y me envía un pac.

El primer blumito que usé en la vida me lo hizo mi tía Vilma, azul con vuelitos. El primer blúmer del que tengo memoria me lo regaló Mayo, un amante de mi madre que viajaba a Alemania. Mayo abrió una caja y yo pensé que todos los blumitos eran para mí. Nunca había visto una caja llena de blumitos y tenía que escoger uno. Los quería todos. Mayo, tal vez, me regaló dos para complacerme.

Luego mi madre se mudó de amor y de provincia. Se dice de mí que nunca fui una niña de andar en blúmer por la casa, ni de enseñar el blúmer, que siempre fui una niña de sentarme con las piernas juntas.

Fuimos muy “humildes”, como se les llama a las familias que la luchan bien duro para poner el plato sobre la mesa. Katy, la mulata que bailaba en El Nocturno, me vistió, me compró chocolates, me celebró los cumpleaños y me abasteció de blumitos hasta que se fue para Italia y jamás la volví a ver.

Después vino el tiempo de las vacas gordas. Papi Lover viajaba y todas las cajas de blumitos eran para mí. Yo les regalaba blumitos a todas mis amiguitas, y de vez en cuando la mamá de una amiguita le daba las gracias a mi mamá y yo me llevaba un buen jalón de moño…porque qué era aquello de andar regalando, si cuando yo no tenía, nadie me regalaba nada. Mientras las cajas siguieron llegando, yo seguí regalando, porque me encantaba combinarme los blumitos con mis amiguitas.

Pero se acabó Papi Lover y las vacas gordas y las cajas llenas de blumitos, y la niña creció y la madre estuvo demasiado triste tres años consecutivos y la madre no se dio cuenta que la niña había crecido.

Se dice de mí que nadie me vio cambiarme nunca en el aula, ni las amiguitas; que yo era de las niñas más recatadas. El día que tocaba educación física me llevaba el short puesto debajo del uniforme, aunque me hiciera un bulto y se me viera por debajo de la falda. Nadie supo nunca que usaba mis blumitos rotos de cuando estaba en la primaria.

La madre dejó de estar triste. El cuerpo le cambió a la niña. Fue entonces que llegaron a mi vida: el hilo dental con la cadenita dorada, el blúmer negro de encajes, el rosadito con el lazo atrás, los de letreros como: Sexy, Cosita Rica, Leche, Love Love Love.

En la etapa del sexo formal, los novios y las mamás de los novios me regalaron tangas, blúmeres, hilos, calenticos, y yo los usé poco…descubrí el fresquito de andar sin blúmer, descubrí la comodidad de los calzoncillos, descubrí las maratones de sexo sin la necesidad de estar quitándose la ropa o cualquier pieza de ropa.

Y el tiempo pasó y cambié de amor y de provincia. Mi madre me compró 7 blúmeres nuevos, uno para cada día de la semana. Me enseñó cómo lavarlos y tenderlos para dar impresión de persona decente; según mi madre lo peor que hay en la vida es coger fama de puerca en la beca de la universidad, que si cogía fama de puerca después nadie me iba a mirar nunca. Y con esos 7 blúmeres tiré todo el primer semestre. Los blúmeres se desgataron, pero no tenía tanta importancia, nunca he conocido tanta gente puerca como en esa beca del ISA. Luego me hice amiga de F y ella me regalaba uno o dos blúmeres cada vez que su abuela venía o le enviaba un paquetico de la United States.

En el segundo año ya era amiga de La Amiga de Madriz y fuimos juntas a vivir a esa casa en el ombligo del Vedado. Se decía que en esa casa se reunía el piquete más ambiguo de toda La Habana, se decía que en esa casa solo se comía perrito y picadillo, se decía que en esa casa los límites de tú tienes tus blúmeres y yo tengo lo míos no existían. Yo solo sé que en esa casa fui muy triste y muy feliz, que en esa casa perdí el segundo año de la universidad y que como todas las mujeres que han pasado por esa casa le lavé los blúmeres a la Maga.

Y el tiempo ha pasado y águilas por el mar y La Amiga de Madriz me dice en WSP que podemos hacer una obra sobre los blumitos. Un intercambio de blumitos de capital a capital, una exposición, Los Blumitos del Exilio. Tenemos blumitos en México, blumitos en España, blumitos en Los Estados Unidos de América. La Amiga y yo pensamos en un concepto para la obra, tenemos una curadora y un performance sucediendo, La Amiga y yo nos enviamos fotos de blúmeres manchados de menstruación, blúmeres colgados en tendederas, blúmeres rotos.

La Amiga me envía blumitos de algodón desde Madriz para que no se me queme la tota con los calores de mi patria.

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