No hay que ser cool para ser libre

ArtCover por Claudia Patricia

Por Victor Fernández

Pensar que el gobierno tiene miedo solo es un indicativo de la inocencia imperante a la hora de entender esta isla. ¿A qué le va a tener miedo un gobierno que tiene a sus órdenes al ejército y demás contingentes de represión? Agréguenle a ello los medios de comunicación oficiales (“oficiales” viene de teniente y capitán), cuya audiencia principal es nada más y nada menos que la generación mejor adoctrinada. En otras palabras, la generación de DiazK y, por lo tanto, la de nuestros padres. Esa generación, por más desidia que se esté almorzando, prefiere creerle a Humberto López y Lázaro Manuel Alonzo que a sus hijos.

El gobierno conoce bien el defecto del pueblo que dirige, pueblo sodomizado, ignorante, cobarde y precario. El principal error de los que disienten está en no asumir que ningún orden nacional se va a adaptar a ellos. El gobierno cubano siempre ha sido de resistencia, resistencia al progreso, resistencia a su juventud, resistencia al cambio y sacrificio.

La cobertura alarmante que se le ha dado a todo lo acontecido en el MINCULT, el 27 más reciente y el 27 pasado, es un arma de doble filo. Por un lado, el precepto de la comunicación de masas “oficial” en Cuba se fundamenta en dividir y enfrentar a la familia, crear asperezas, desacuerdos e incomprensión. Pero no es nada a lo que no estemos acostumbrados, considerando que la “división familiar” es el gran aporte de Fidel.

Por otro lado, está todo el despliegue mediático, el Granma y otros medios oficialistas han dedicado varios de sus números completos al Manotazo Revolucionario de Alpidio contra los mercenarios-contrarrevolucionarios-agentes de la CIA-ESCORIA. ¡Qué mejor que el descrédito y la difamación como arma moral para convencer al “Pueblo de las Buenas Costumbres”! ¡Que sigua el show mediático estatal para inyectar ideología!

No existe escusa. Si terminó la campaña política de los Cinco Héroes y la gente ya no aplaude a las nueve, se hace necesario continuar con el adoctrinamiento. La televisión completa su programación con propaganda para criminalizar a los que disienten. Se inventan programas donde escogen estratégicamente a sus protagonistas. No podrían ser otros que Denys Ramos, Magda González y Jorge Enrique Caballero hablando estupideces sin llegar a ninguna conclusión, siempre invocando el triste y fracasado pasado del proceder de esta nación. ¿Acaso no se perciben estos como monigotes de ciertos intereses en los que para nada está el entendimiento y el bienestar de la mayoría? ¿Tan poco se quieren o se respetan a sí mismos?

Randy Alonso dice que un revolucionario provocado es peligroso. Los medios oficialistas justifican la posibilidad del enfrentamiento cuando llaman al hecho de disentir “provocación”, por lo que dentro de poco comenzará una oleada de represión sin precedentes. Otra vez, again, el sistema manipula a su favor la memoria histórica, elimina la memoria emotiva y logra que sea muy difícil empatizar con cualquier idea radical para alcanzar una solución. Los artistas e intelectuales tampoco ponen de su parte. El elitismo sigue siendo el puño de firma, pues al parecer no interesa convocar a la mayoría. El problema principal es la escasez de pragmatismo político. Los artistas acompañan, pero históricamente no son el centro de ningún movimiento, ni de ningún cambio.

Sin embargo, lo que más lacera e inconscientemente calza la ridiculización mediática a la que son sometidos los disidentes es la falta de un fin tangible y acciones concretas, sobre todo a la hora de convocar y convencer. Los medios “no oficiales” se convierten en un mal respaldo pues no tienen un fin práctico que apoyar, más allá de las denuncias personales. Esto se debe a que la propia disidencia no logra discutir entre ella una propuesta inicial. Pensar en un país en medio de las condiciones actuales es una tarea titánica y esto se torna imposible debido al caudillismo imperante. Con demandas tangibles para todos es más fácil avanzar y para los “medios independientes” será más fácil coordinarse.

En cuanto a los artistas, es necesario comprender que el castrismo no tiene miedo. La pregunta sería la siguiente: ¿Queremos darle otro rumbo a la historia o un carnet honorífico de la AHS? Yo, opto por darle otro rumbo a la historia, por la desacralización de los funcionarios, porque haya otras opciones que no sean ser un lameculos como Raúl Torres, tener mucho miedo como Virgilio Piñera o irse de Cuba como Reinaldo Arenas.

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