Notas sobre un 28 de noviembre. Los días no volverán

ArtCover por Claudia Patricia

Por Ricardo Acostarana

Nada pudieron hacer las autoridades francesas cuando en 1972 se realizaron en la famosísima prisión de París “La Santé”, en el barrio de Montparnasse (donde cumplieron reclusión desde los ilegibles Fantomas y Arsène Lupin hasta el caligramático Apollinaire), las últimas ejecuciones bajo el amparo guillotinado de un viejo verdugo azul de 73 años contra dos asesinos cuyos nombres ni siquiera ahora importan. Esta no fue quizás la última práctica (método mediante en la Quinta República Francesa), pero sí dejó en claro que ciertos verdugos como el viejo Obrecht estaban al borde de la cuchilla.

El 28 de noviembre también es un día ambiguo, desolador e imponente a ambos lados de la cancha sudamericana (amantes del fútbol o no, estas historias laceran). No siempre las alas, en este caso las del vuelo 2933 de la aerolínea venezolana LaMia, son fuentes inagotables de libertad y desfronterización de los sueños (lo dice alguien que no ha viajado en su puta vida). El Verdão estuvo a punto de tocar la gloria, mas ninguna de las 71 personas fallecidas en el trágico accidente pudo imaginarse que lejos de tocarla, vivirían en ella por y para siempre. Dos años después, el club brasileño de fútbol Chapecoense sigue siendo el mejor campeón de la Copa Sudamericana y cada 28 de noviembre el mundo entero le dedica #90minutosdesilencio.

En el otro extremo está aquel jugador 12 que hizo lo indecible en muchas zonas horarias del “Nuevo Mundo”. En el Tricentésimo trigésimo segundo día del segundo milenio después de Cristo, un club argentino abrió su “Boca”, su gran boca, para comerse, apenas sin masticar, al club de mis amores, por el que he llorado lágrimas blancas y he sudado, creyéndome de otra galaxia, entre el fango y las patadas en algún área deportiva –marchita– del Vedado. Dos golazos de Martín Palermo, tan vilipendiado y querido, fueron la inyección letal que llevó al Rey de los Clubes de fútbol a plantearse la idea de no salir siempre de casa con la corona a cuestas, pues no siempre el Señor será su salvador.

Conclusión: viaje, practique deporte, lea, aprenda a cocinar y si puede, no se afeite.

Cosas que te callas

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