Planet Romeo: El planeta de las pingas

Mujercitos Magazine
4 min readAug 31, 2021
ArtCover por Claudia Patricia & Carmen Cabrera

Ray Veiro

Planet Romeo es una app que usan muchos maricones cubanos y algún que otro trans, para ligar y mandar sus nudes sin censura y compasión. El primer día que entré mis ojitos sufrieron severos traumas. Me la recomendó un amigo también traumado y decidí echar un looking como quien no quiere la cosa. Al final, la cosa terminó queriéndome a mí.

Bueno, esta vez lo volveré a decir al strike porque ya me cansa la corrección de los “new puritans”: Dos segundo en Romeo y me llega una foto de una tranca prieta, un trancón, una bestia, aquello era descomunal, sobrehumano, faltaban tres dedos para que le llegara a la rodilla. Es que no tengo palabras para describirte semejante bestialidad. El caso es que un segundo después me llega otra tranca del mismo tamaño pero blanca. Y yo enseguida pensé en aquel mito de que los negros la tenían más grande que los blancos.

Entonces, pensé en mi hermano que es negro y su mejor amigo blanco. Sus novias siempre decían que los dos tenían tremendas pingas, que lo único que variaba era el color. No sé qué tipo de orgías hacían pero el caso que sabían los centímetros que tenía cada uno y eran exactamente los mismos: 29,9 cm.

Yo cogí las pingas que me habían mandado por Romeo y me puse a hacer un collage, las puse una al lado de la otra como en las fotos de porno interraciales. Era una belleza el contraste que lograban aquellas delicias. A una se le hacía la boca agua, porque una es golosa, y una es puta antes que persona.

Pero la putería me duró lo mismo que un merengue en la puerta de un colegio, porque los muchachos me siguieron escribiendo. El blanco con faltas de ortografía, el negro no. El blanco diciéndome cochinadas, el negro de lo más cordial. Pero como la vida al final no es en blanco y negro; aquello empezó a ponerse color púrpura, como si mezclaran mi color churre con sus colores: lo más parecido a la tierra que pisamos.

Por un lado el muchacho blanco me dice que él es activo, que busca un “hombre-hombre”, que “no hable flojito ni sea demasiado amanerado”. El muchacho negro me dice algo parecido pero afirmando además que quiere que sea discreto porque nadie sabe que él hace este “tipo de cosas”.

En ese momento me miré en el espejo con mi perra cara de loca, mi manoteo desde prescolar y mi voz chillona desde la escuela de embriones. Y me dije a mí misma: niña rema que aquí no pican. Al final como solo me metí a Romeo para hacer uno de mis tantos experimentos fallidos que a veces suelo llamar arte, decidí continuar a ver qué salía de todo eso.

Le mandé las fotos desnudo del blanco al negro y viceversa, en el mismo sentido y de la misma manera, de forma tal que ambos encontraron lo que buscaban. A ambos les dije que nos veíamos en Infanta y Sitios, a las 11 pm del primer martes del mes de septiembre. O sea hoy. En esta fecha solían empezar las clases pero una ha tenido que improvisar porque la universidad no me va a hacer millonaria y el país, bueno, ¿qué país?

Lo que ellos no saben es que esa dirección solo los llevará a un edificio destruido, como los miles que hay por toda la ciudad. Yo sé que está mal jugar de esa manera con la gente, pero soy más falsa que el mural de Amelia Peláez que está en el hotel _ _ _ _ na libre. Es que una nunca sabe que bussines resulte, porque si la cosa se da bien, puedo firmar una porno interracial para onlyfans. Obviamente, violando todos los derechos de la privacidad, porque ellos nunca lo sabrán, a menos que le compartan el link y me caigan a puñaladas mientras hago tranquilamente mi cola para el pollo.

De igual forma, tengo un banco de imágenes de pingas en todos los colores y tamaños que saqué de Planet Romeo. Aunque pensándolo bien voy a cerrar esa app porque hay demasiados maricones haciéndose los machos con pelo en el pecho, y una es una lampiña, y una es una Julieta desde siempre. Así que con el veneno, lo mismo que con el semen, me ahogo yo sola.

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