Policías de aquí y de allá, ¡uníos!

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ArtCover por La Mamarracha

Por Mabel LLevat

Cierra los ojos y piensa en una lista de insultos. Piensa en las palabras que has elegido para insultar, piénsalas en masculino y después en femenino. Todos los referentes masculinos adquieren otra connotación cuando se piensan en femenino, perro no es lo mismo que perra, zorro que zorra, caimán que caimana. Por eso, cuando vienen las tropas de humoristas, creadores de memes, izquierdistas con programas de radio, raperos con mucho flow y vecinos militantes de lo políticamente incorrecto a lanzar mensajes de odio, respaldados por su derecho a la libertad de expresión (que no es más que un disfraz para el pensamiento conservador y excluyente), me gusta dibujarles un límite con esa frase que me encanta lanzarle a la mafia miamense: ¿tú no sabes que tu libertad acaba donde empieza tu odio?

Igual que aquel artista cubano acosador que todos endiosábamos en la juventud y que solo se escudaba en lo permisivo y normalizado que está el acoso en Cuba para tararear sus frases insulsas y aprendidas generación tras generación para vejar a las mujeres del gremio artístico. Lo único que se me ocurría era decirle: ¿tú sabes que lo que estás haciendo es penado por la ley en muchos países? Pero el seguía, al fin y al cabo, si la mayoría de los artistas son hombres, ¿qué importa lo que diga una mujer?

Pero no nos engañemos, el brazo de la ley no es omnipresente y la corrección política también se hizo reducto del patriarcado y la policía hegemónica. La policía que quiere legislar sobre nuestros cuerpos y en España hace a las feministas desgastarnos en debates sobre el derecho a ejercer la prostitución, los vientres subrogados o las polémicas lanzadas por las TERF[1]. La policía que le cierra la clase de Twerk a una colega en Galicia alegando que el Twerk es machista. Eso sí, y no la mirada patriarcal y racista sobre nuestros cuerpos.

No es lo mismo pasar el confinamiento en La Habana que en Barcelona. Pero con la pandemia Barcelona se dividió en áreas sanitarias, y resulta que las áreas ricas se enfermaban menos que las áreas pobres con más índice de inmigración y de economía sumergida. En España el patriarcado depreda desde la pulcritud de su oficina o haciendo tele-trabajo mientras sus hijos los cuidan otras, o se disfraza de policías patrullando las calles durante el estado de alarma.

En la España de centros de internamiento de extranjeros y con las comisarías colapsadas por el estado de alarma, lo mejor es no hacerse visible, si mueves el culo haciendo Twerk ahí sí la cagaste. Cuando los blancos y blancas veían mover el culo a las mujeres de las comunidades negras en USA no veían la protesta que hacían encima de los coches de policía, veían culos grandes moviéndose lascivamente e incitando a la penetración, mientras ubicaban cualquier cultura, raza o norma que se saliera del patrón euro/norteamericano como ahistórico, incivilizado y atávico. Los culos no debían moverse para no incitar al macho insaciable, pobre, no es su culpa si no puede frenarse cuando le provocan.

Por eso, como dice Henar Álvarez, en vez de pensar en acabar con las páginas porno pensemos en crear etiquetas nuevas que no sean las de siempre, “jóvenes, maduras, culonas, pelirrojas”, para que las usuarias mujeres podamos encontrar lo que también nos satisfaga (ella proponía algunas como: “empotrador, vascos con pendientes de coco, yogurines, pectorales, etc.”) y lograr, de paso, que lo primero que aprenda un niño que se asoma a una página porno no sea la violencia sobre la mujer.

Muchas extrañamos estar en Cuba y colaborar en la caliente con el activismo de una forma más contundente que compartiendo noticias en Facebook. Cuando llegué a Barcelona un poco fundida y organizaba una serie de talleres con una amiga, me topé con una cubana emigrada y a la vez policía de turno que me miró, se tocó el ojo con el índice de esa manera tan segurosa como solo un seguroso puede hacer y me dijo: te estoy velando. Yo pensé, what?, ¿aquí también? Y me di cuenta de que fuimos muy ingenuos al pensar que no nos seguirían o que no estaban hace rato aquí también, controlando la escena y organizadas en pequeñas mafias.

[1] TERF: Trans-Exclusionary Radical Feminist. Traducción: Feminista Radical Trans-Excluyente.

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