ArtCover por Claudia Patricia

Por Roman Gutiérrez Aragoneses

Existe una raza que domina a la raza humana nacional. Y no son extraterrestres como mucha gente piensa. Son endémicos, nacionales. Es la raza de los Puercanos.

Los Puercanos tienen una extraña característica: constantemente se están pudriendo. Y esa pudrición se cuela en todas las casas y no deja vivir a nadie en paz, tampoco dormir bien. El hedor se cuela por todos lados. Es fortísimo. Entra por la puerta, las ventanas, por el televisor, el periódico. Y lo peor de todo es que esa peste puede llegar a convertir a un humano (si este es muy débil) en un auténtico Puercano.

Un Puercano es un ser que nació en las montañas pero se trasladó a las llanuras y poco a poco las fue conquistando por la fuerza. Los Puercanos trajeron su mal de montaña con ellos y fueron contagiando al resto de la población que siempre vivió en llanuras y ciudades. Los Puercanos son muy rudos, toscos como peñascos y hostiles como barrancos.

Estos seres no tienen individualidad, no tienen alma, su alma es grupal como la de los insectos del monte, suena uno y allá van todos a imitar el sonido.

Aunque sean parecidísimos a los humanos, no lo son. Y he aquí su dolor. Su problema existencial es que quieren ser humanos y no pueden. Cuando llegaron a las llanuras se dieron cuenta de algo que les golpeó el alma: los humanos piensan. Ellos no, no saben cómo. Ellos repiten. Pero repiten los ecos. Ecos sonoros sin significado que captan sus cabezas. Sus cerebros, como pequeños coladores alambrados no pueden sostener ningún concepto, palabra o significado demasiado tiempo. Tienen los sesos de rejillas para filtrar el oxígeno que los mantiene vivos allá en las alturas montañosas, aquí en el llano, es en vano, casi ni de respiraciones entienden.

La gente siempre se ha preguntado por qué existen. Y muchas veces se cree que ni para matarlos sirven. Pero sí sirven, sirven como signo, símbolo o señal de tránsito.

Aclaro. Un Puercano existe para que el humano no se pierda, un Puercano es la influencia encarnada de lo mal hecho, del error, del cuerpo sin amor. Un Puercano es el símbolo que representa cómo exactamente NO debe ser un humano. He ahí el secreto. Una vez que el humano ya los identifica, con asco, lástima o repulsión, ya el humano es libre. Libre de hacer lo que quiera, incluso de hacer lo que quiera con el Puercano. Evitarlo, obviarlo, matarlo, en fin, lo que se le antoje al humano liberado, pues ya se cumplió la función. Y una vez que esto pasa el Puercano queda a merced del hombre totalmente. Pero el hombre antes debe saber esto:

Un Puercano en las llanuras generalmente se posiciona con las pezuñas fuertes en el suelo. Prefiere la tradición a la libertad, la inmovilidad montañesa al movimiento citadino.

En realidad, un Puercano no disfruta nada de la vida. Lo único que su cerebro le permite disfrutar es de como él le entorpece el desarrollo evolutivo a los demás. Son como las montañas que se anteponen a los vientos que soplan.

Un Puercano siempre aplica la fuerza de gravedad para resolver problemas. Aplican las libras. No hay inteligencia, recuerden, es un colador lo que hay en sus cerebros. Por eso siempre tiene el poder y te doblega como la enfermedad doblega al cuerpo. Ellos creen que el poder es superioridad, pero no se dan cuenta que cualquier criatura débil es más fuerte que un humano, una mosca es más rápida, una cucaracha sobrevive a una bomba, un parásito minúsculo puede ser letal. Y es que muchas veces la inferioridad se disfraza de poder para que los débiles existan creyendo que son fuertes y no cometan suicidio.

Desde el punto de vista de Dios, el Puercano actúa como un gran catalizador evolutivo para que el humano no se duerma y así pueda hacerse más competente y sabio. Pero al mismo tiempo, desde el punto de vista humano, el Puercano es un auténtico pedrusco en el zapato, una bestia inservible que solo proporciona problemas.

Y es que te percatas que a veces hasta el Puercano tiene sus talentos, veamos:

-Entorpecer la vida del prójimo.

-Usar siempre la fuerza ante cualquier réplica a su autoridad.

-Hociquear la vida de los otros.

-No sentir empatía.

Ya vemos que su vida es hueca como el culo de una rana reventada en medio de la salación.

¡Ay! ¡Puercanos sin alma! Puercanos con toneladas de mierda dentro de sus tripas.

Y es que se lo comen todo. Sus apetitos montañeses son el peligro aquí abajo. Y es que siempre tienen hambre. Por eso lo devoran todo y no dejan nada para los demás. Y en vez de peos se tiran bombas, hasta bombas se tiran entre ellos. Entre la mala calidad de sus espíritus y la hostilidad con que se tratan han acabado con una gran parte de la sensibilidad humana en este Gran Chiquero que una vez fue ciudad.

Un humano por dentro tiene alma, sentimientos. Un Puercano solo tiene tripas, repletas de peos como gases lacrimógenos. Por eso cuando abren la boca sale el hedor de la ignorancia que hace llorar a cualquiera.

Y me da tremendo empingue. Un empingue que no deja de ser humano, por cierto. Así que lo pienso muchas veces para no coger el cuchillo e inaugurar la fiesta del jamón picoteado, de la morcilla, del chorizo-rabo. Y es que el Puercano es un cerdo de monte que se volvió casi hombre aquí abajo y que de neuronas solo chicarrones le han quedado.

Si eres un Puercano y estás leyendo esto te digo algo: tu raza y tu maldición aún podrían llevarse con dignidad. Sigue mi consejo. Únete a otros Puercanos y lárguense para una zona montañosa y allí asiéntense para que vayan haciendo consciencia poco a poco de lo que les he dicho hasta ahora. Sé que entre todos podrán lograr comprender, pues sus cerebros de colador pueden funcionar mejor en zonas de alto relieve, y lograr que la interferencia que sufren en su pulsación de vida aquí abajo se fortalezca como es debido.

Háganme caso, repito. Váyanse para la zona montañosa del país y retírense de todas las llanuras, abandonen las ciudades de los humanos, pues lo están contagiando todo y así lo único que van a lograr es que terminen comiéndose entre ustedes. Elévense, váyanse al monte, suban la loma y acérquense al sol, a los aires elevados. Únanse allí todos los Puercanos. Teniendo contacto con las alturas y las nubes podrán curarse poco a poco de su interferencia espiritual. No sean cabezones, váyanse por donde vinieron. Ustedes vinieron del monte y para ahí deben regresar. Las llanuras y nuestras ciudades se hicieron para la nobleza, para practicar la vida sin hostilidades. Pónganse en cuarentena y no tengan contacto con los humanos de las llanuras. Eviten todas las planicies. A ver si poco a poco podemos sanar cada territorio de una vez.

Si nos separáramos ocurrirían dos cosas felices: al fin podríamos descansar y luego de que esto pase, tanto ustedes como nosotros nos curaríamos al momento.

Cosas que te callas

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