Por Juan Miguel Pozo

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Keith Jarret en portada. Diseño by La Mamarracha

Privado de sueño y con dolores de espalda, esa noche su estado de ánimo tampoco se vio favorecido por el hecho de que la Ópera de Colonia había traído un piano pequeño y mal afinado en lugar del Bösendorfer Grand que solicitó. Aún después de una afinación de emergencia, el instrumento sonaba como de juguete, con chillidos agudos y poca proyección en los registros bajos. Pero por esas cosas de la vida que no entiendes, Keith Jarrett no decidió detenerse.

Entonces empieza a tocar, le da duro a las teclas, el piano adquiere un sonido casi de otro mundo, como si tuviera cinco pisos de altura y estuviera hecho de vidrio. Golpea las teclas manteniéndose en las notas de rango medio, tal vez por frustración. Lo que sucedió con este piano fue que me vi obligado a tocar en lo que era, en ese momento, una nueva forma, explicó años después. De alguna manera sentí que tenía que resaltar las cualidades que tenía el instrumento.

Todo esto es historia de fondo y contexto. Como álbum, The Köln Concert derrite el contexto, lo vaporiza: como música, existe fuera del tiempo y el espacio. Es un producto perfecto de peludos mariguaneros de los 70s, pero sigue sonando moderno en este momento y seguirá siéndolo dentro de 40 años.

Estoy muy de acuerdo con la evaluación de Geoff Dyer: cuando Jarrett está en su mejor momento, fragmentos de todo tipo de música fluyen a través de él, pero nunca hay ninguna sensación de tensión, de un esfuerzo consciente para combinar tantas influencias dispares. Esto es lo más cerca que nunca llegarás a escuchar a un genio pensar. Las ideas se desarrollan y mutan, y Jarrett es un instrumentista tan sorprendentemente talentoso que parece que no hay distancia entre su cerebro y sus dedos.

En la historia de 1989 de David Foster Wallace, Girl With Curious Hair, el narrador sociópata acompaña a sus amigos a un concierto de Keith Jarrett en solitario, a principios de los años 80. Dejan caer ácido, y uno de ellos explica que la improvisación olía a terciopelo viejo y a medicinas; parecía la débil luz solar a través del hielo, dice otro. Eso es bastante cierto, pero prefiero la brevedad del narrador que nunca antes había escuchado la música de Jarrett y que, sobrio, declara con gran entusiasmo que el espectáculo es “punkrock”. El Concierto de Colonia seguirá sonando a todo eso y a lo que le añadirás tú a partir de hoy… si es que nunca lo has oído.

Por nada.

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Revista cubana de cosas que te callas

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