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Diseño by La Mamarracha

Por Mario Poppins

No escribo sobre música. Pero como aquí de lo que se hablará, divagará, desvariará y alucinará será sobre Nube Roja, esta tampoco será mi primera vez. Escribiré de algo casi por definir, clasificar, quizás hasta añadir a la Tabla Periódica en su casilla -1.

Nube Roja es la más reciente y a la vez más exquisita incorporación del Escuadrón Suicida de la anti-música (o no-música) cubana, que ha logrado opacar, casi de inmediato, a grupúsculos, células y comandos más veteranos como Mediterráneo (uno de los precursores de este batallón de losers), Karamba, Gitanos, Arnaldo y su Talismán y Cubanos en la Red.

Pues los hijos y ahijados bobos de Jorge Perugorría lograron hacerse socios premium, deluxe, gold, exclusive, de este selecto infecto y desafecto club de las neuronas ausentes con una celeridad asombrosa, que los convierte en serios y peligrosos competidores on fire de los Buena Feos y el tal Casabe para componer e interpretar el próximo tema del congrezuelo de turno: ya sea de la U Jota Cé, de las Juventudes Hit…Martianas lideradas por Herr Yusuam Palacios, o de los Pioneros por el Comunismo.

Desde su sitial, también de honor, entre los peores directores de la historia del cine cubano, el Pichidiego los contempla orgulloso, y rompe copas con Rigoberto López, Gerardo Chijona y Magda González Grau. Pues, como todo padre, quiere que sus vástagos sean los mejores en algo. Y estos chicos son innegablemente buenos en ser malos, tanto, que quizás hasta se conviertan en bizarro objeto de culto para generaciones venideras. Hasta su peliculita tendrán, una historia de pasión, perseverancia y bravura, en la más genuina línea del canon Arte Siete. Bien pudiera dirigirla Edesio Alejandro.

Pero vayamos al pie forzado de este texto: ¿cómo Nube Roja nubló por unos instantes los cielos luminosos de Cimafunk? ¿Cómo logró manchar su expediente? ¿Cómo lograron que esta fuerza de la naturaleza hiciera una obra de caridad tan estéril?

Recuerdo la edición 14 del Pichi Fest de Gibara celebrado en 2018. Cimafunk dio un arrebatador concierto nocturno, ante los rostros aturdidos de los nubecitos. Esperé que la vergüenza fuera tal para ellos que, en un arranque de autoflagelante honestidad, renunciaran para siempre a la carrera musical y que al menos ¿Anthuán, Antuán, Anttuán, Hantuánn, Antooán, R2-D2? y ¿Adam, Adán, Adhamm, ADN?, Pichiboys por línea directa, asumieran sinceramente su destino y vocación de parásitos. Que vivieran felices como apéndices eternos de Perugorría, el primero de su nombre, el Gran Pichidiego, el Rey por un día del cine cubano. Vuelvo a divagar…

La cuestión es que el bullying inconsciente de Cimafunk no les enseñó nada a los nubecitos. Todo lo contrario. Al otro día arribó al escenario otro monstruo: Fito Páez, tristemente amiguísimo del Pichidiego. Tanto, que este le atarugó a los músicos de Nube Roja, incluidos sus princesitos, la Batería AA. Fue el intento más desesperado y desvergonzado por potenciar lo impotenciable que he atestiguado en mi vida.

Pero ahí estaba Fito, exaltado por los efluvios marianos, o por algo más fuerte, cantando gloriosamente. En algún momento, el argentino agradeció al Pichidiego y a su inseparable esposa-troll, la inefable Elsita emparentada con Hodor y Hagrid por línea materna y presentó a “Niebla Roja”. Imagino que el trago de whisky Black Label que Pichidiego consumía en ese momento le debe haber sabido a mierda. Pero absorbió el golpe con estoicismo, y siguió sonriendo beatíficamente.

Casi de inmediato (si no fue exactamente, mi memoria así lo atesora), Fito Páez invitó “al futuro de la música cubana”, como calificó a Cimafunk entre otros halagos. El pinareño subió y cantó a capela eso de “yo vengo a ofrecer mi corazón”. Fue como el golpe definitivo para la disipación de la niebla roja. No niego que me ilusioné.

Y al poco tiempo, me asalta el videoclip de Nube Roja feat. Cimafunk. La reacción inversa a todo lo atestiguado por mí en los parajes gibareños. Creo que se titula “Estás pa´ mí”, o algo intrascendente por el estilo, una mezcla insolvente entre la poderosa voz y personalidad de Cimafunk, y el farfullo ronco del Ant Man subatómico que parece Anthuán a su lado, con todo su insoportable repertorio de muecas y contorsiones. Why, Cimafunk?

Verdaderamente, el dilema aquí no sería cuán mala debe ser una banda para hacer featuring con Cimafunk y no pegarse, sino ¿cuán bueno es Cimafunk para hacer featuring con Nube Roja y no solo sobrevivir para ver el día después, sino para seguir pegao, exitoso, sin rastros de tóxica niebla roja que lo mancille?

Lo que no te mata dicen que te hace más fuerte. Pero aun así es duro rebajarse también al nivel de la chusma de Cucú Diamantes, que se anotó un featuring previo con los Niebla Roja. La Cucu o Cucú, promesa desinflada de diva, también militante del círculo más interno del Pichiclub.

Cimafunk salió ileso, y seguramente será absuelto por la Historia.

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