Y CAMBIAR Y CAMBIAR Y CAMBIAR

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Art Cover by García Gómez

Por Marta María Ramírez

A ver cómo lo escribo: adoro el cambio, los cambios. La vida personal sin ellos (desde los más pedestres, como cortarse el pelo o dejárselo crecer en las axilas, hasta los que haces tu bandera, como usar la copa menstrual o el condón femenino), es una reverenda mierda.

Sin embargo, no me gusta mudarme de casa. He detestado mudarme de país, aunque me encanta viajar (viajante fue lo primero que quise ser en mi vida, contaba mi madre). Detesto aún más que mis amigxs tengan que largarse; y más, las despedidas.

Vivo, como ustedes (pero por más tiempo que la mayoría que me lee), en un país que aborrece los cambios. Es un país aburrido. De los más aburridos que conozco. Ha habido cambios al revés. Retrocesos, para ser más correcta. No son los que esperábamos. No los que tratamos de impulsar unxs cuantxs aborrecedorxs de mudanzas.

Pedimos (desde que estoy en la Universidad firmo cartas y más cartas) Ley de protección animal. Nos dieron recién la posibilidad de entrar a cronograma legislativo en 2020. Pedimos matrimonio igualitario. Nos dieron Código de Familia a plebiscito. Pedimos libertad para el arte y la creación independiente. Nos dieron 349. Pedimos Ley de Cine. Nos dieron 373. Pedimos libertad de expresión. Nos dieron 370. Pedimos Ley Integral contra la Violencia Machista. Nos dijeron que hasta 2028 no sería parte de la agenda legislativa. Disculpen, nos están matando, reza una campaña. Nos están asesinando a nosotras por ser mujeres y a nuestras criaturas por ser nuestras.

A lxs que pedimos cambios nos criminalizan, aun cuando nos disculpemos, aun cuando sumadxs todxs, más lxs pobres, las personas trans y las afrodescendientes, seamos mayoría absoluta. En Cuba, dicen que somos mercenarixs al servicio de Estados Unidos. Amenazan con que publicarán nuestros secretos. Pero, ¿qué secretos? Si aquí ni secretos se puede tener entre el CDR, lxs chivatonxs gratuitxs, la mayoría con miedos, la Seguridad del Estado y Otaola.

Las feministas estamos a punto de ser quemadas en la hoguera, en pleno siglo XXI. No nos perdona ningún bando (hay 2 claros y otros cuantos que van de mansplaining o machoexplicador por la vida), porque lo que gobierna y lo que quiere gobernar es patriarcal sin matices. A nosotras, pocxs nos soportan. Quizá porque pedimos más que un cambio de gobierno o de legislaciones. Porque lo que queremos es ver cómo se cae el patriarcado, cómo lo tumbamos, cómo se decreta un orden más justo para la humanidad y para esta isla, más sostenible que el impuesto a golpe de pingas sobrevaloradas.

El patriarcado es responsable de la polución de los mares, la tala indiscriminada de bosques, la extinción de especies, de todas las discriminaciones, la violencia machista con su expresión extrema en los feminicidios; tanto como del COVID-19 y su pandemia. (Por las diosas, no escribir más acríticamente “la” COVID-19. El artículo femenino se carga toda la concordancia de género impuesta también por el patriarcado. Es un virus, varón y monárquico).

Esto es lo que conocemos. Los patriarcas han gobernado mal. Y nos responsabilizan de sus fracasos. Los países son regidos como sus casas. Algunos han tenido que acatar leyes de la ilusión de democracia. Algunos no cubanos. Aquí el padre ya no te sirve la comida decente, no te da mesada, pero sí te prohíbe llegar después de las 9:00 p.m. a casa, que traigas a tus amigxs, que pienses por ti mismx y que lo expreses. Aquí es sin protestas. La fe ciega. La apuesta por un futuro que no llegará porque el enemigo siempre ha estado fuera. Y aquí, en esta casa, es quien gobierna. Da igual si el lobo es demócrata o republicano, gobierna. Gracias al patriarcado gringo, el patriarcado cubano se erige como un “falo”, que no faro.

Entonces, queridxs míxs, mujercitos todxs (y no quiero sonar como una madre, matriarca), qué tal si le dan un chance al feminismo, a los feminismos. Vaya, solo por cambiar y cambiar y cambiar, como canta Jorge García cuando se harta de explicar en versos por qué los cambios son buenos. A ver si no tenemos que mudarnos de esta casa, bien lejos, para ir a cambiar nuestro orden en el nuevo hogar.

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